Europa cada vez se ve más comprometida con el medio ambiente y lucha por una «transición verde». En este camino, las exigencias a los agricultores que producen en la Unión Europea son cada vez más estrictas.. No lo son tanto para los que se encuentran en otras partes del mundo, que pueden usar libremente algunas sustancias que están completamente prohibidas para los comunitarios. Un estudio elaborado por el laboratorio Tentamus LAB sobre los residuos que contiene la banana de origen latinoamericano y africano presente en los supermercados españoles revela que un 68 % contiene pesticidas prohibidos en la Unión Europea.. Estos productos conviven en los supermercados con, por ejemplo, el Plátano de Canarias, que sí está cultivado bajo la normativa comunitaria que requiere muchos más controles y un esfuerzo por cumplirlos mucho más altos. Según el estudio, realizado a finales de 2025, estas bananas contienen 10 pesticidas diferentes, a una media de 3,4 sustancias detectadas en cada muestra.. La explicación para que esta circunstancia sea posible es muy sencilla: la normativa fitosanitaria para los cultivos en Europa no se aplica a las frutas importadas de terceros países. Aunque una sustancia esté prohibida para su empleo en la UE, mantiene un Límite Máximo de Residuos (LMR) aplicable a las importaciones, lo cual permite que terceros países puedan seguir usándola siempre que los residuos que se mantienen en el fruto no excedan el umbral legal a su llegada al mercado europeo.. Esto solo puede ser posible por la normativa fitosanitaria para los cultivos en Europa, que no se aplica para toda la fruta importada de otros continentes, como es el caso de África o América. Eso se traduce en que, aunque una sustancia esté prohibida en el marco de la Unión Europea, existe otro Límite Máximo de Residuos (LMR) aplicable a las importaciones, lo cual permite que terceros países puedan seguir usándola siempre que los residuos que se mantienen en el fruto no excedan el umbral legal a su llegada al mercado europeo.. De hecho, esta es una de las reivindicaciones que el campo europeo ha utilizado durante las últimas movilizaciones. Reclaman la aplicación de cláusulas que garanticen la aplicación de los estándares de producción de la UE a los productos agrícolas importados. Según los datos de este laboratorio, si esto se llevase a cabo, un 70% de la mercancía sería rechazada a su entrada en la UE.. Desde la Asociación de Organizaciones de Productores de Plátanos de Canarias (ASPROCAN), indican que esta situación “no es nueva” y manifiestan su “frustración” ante la falta de soluciones para reducir la manifiesta desigualdad de condiciones que afrontan.. Por su parte, los consumidores viven ajenos a las diferencias entre los productos ofertados y, aunque siempre se garantice la salubridad de lo consumido, el hecho de que el consumidor desconozca la presencia en la fruta de importación de residuos de fungicidas como tebuconazol, difenoconazol o boscalida, o de otros insecticidas detectados como bifentrina, genera mucho debate.
Europa cada vez se ve más comprometida con el medio ambiente y lucha por una «transición verde». En este camino, las exigencias a los agricultores que producen en la Unión Europea son cada vez más estrictas.. No lo son tanto para los que se encuentran en otras partes del mundo, que pueden usar libremente algunas sustancias que están completamente prohibidas para los comunitarios. Un estudio elaborado por el laboratorio Tentamus LAB sobre los residuos que contiene la banana de origen latinoamericano y africano presente en los supermercados españoles revela que un 68 % contiene pesticidas prohibidos en la Unión Europea.. Estos productos conviven en los supermercados con, por ejemplo, el Plátano de Canarias, que sí está cultivado bajo la normativa comunitaria que requiere muchos más controles y un esfuerzo por cumplirlos mucho más altos. Según el estudio, realizado a finales de 2025, estas bananas contienen 10 pesticidas diferentes, a una media de 3,4 sustancias detectadas en cada muestra.. La explicación para que esta circunstancia sea posible es muy sencilla: la normativa fitosanitaria para los cultivos en Europa no se aplica a las frutas importadas de terceros países. Aunque una sustancia esté prohibida para su empleo en la UE, mantiene un Límite Máximo de Residuos (LMR) aplicable a las importaciones, lo cual permite que terceros países puedan seguir usándola siempre que los residuos que se mantienen en el fruto no excedan el umbral legal a su llegada al mercado europeo.. Esto solo puede ser posible por la normativa fitosanitaria para los cultivos en Europa, que no se aplica para toda la fruta importada de otros continentes, como es el caso de África o América. Eso se traduce en que, aunque una sustancia esté prohibida en el marco de la Unión Europea, existe otro Límite Máximo de Residuos (LMR) aplicable a las importaciones, lo cual permite que terceros países puedan seguir usándola siempre que los residuos que se mantienen en el fruto no excedan el umbral legal a su llegada al mercado europeo.. De hecho, esta es una de las reivindicaciones que el campo europeo ha utilizado durante las últimas movilizaciones. Reclaman la aplicación de cláusulas que garanticen la aplicación de los estándares de producción de la UE a los productos agrícolas importados. Según los datos de este laboratorio, si esto se llevase a cabo, un 70% de la mercancía sería rechazada a su entrada en la UE.. Desde la Asociación de Organizaciones de Productores de Plátanos de Canarias (ASPROCAN), indican que esta situación “no es nueva” y manifiestan su “frustración” ante la falta de soluciones para reducir la manifiesta desigualdad de condiciones que afrontan.. Por su parte, los consumidores viven ajenos a las diferencias entre los productos ofertados y, aunque siempre se garantice la salubridad de lo consumido, el hecho de que el consumidor desconozca la presencia en la fruta de importación de residuos de fungicidas como tebuconazol, difenoconazol o boscalida, o de otros insecticidas detectados como bifentrina, genera mucho debate.
